martes, 13 de diciembre de 2016

De mi sangre sí, pero incompatibles


Igual es muy pronto para ponernos serios pero si no explico el inicio de los últimos 14 meses de mi vida probablemente no podáis entender cómo somos como padres, porque hay situaciones que es innegable que te marcan.

Hay cosas para las que nadie está listo, no se enseñan en ninguna clase de preparación al parto, o por lo menos a mí no me lo enseñaron. No me enseñaron a entrar en casa con los brazos vacíos dejando a tu hijo en el hospital. Es duro y aunque mi trago “sólo” duró nueve días, sirvió para tres cosas: saber que si Treintapapi y yo estamos juntos somos invencibles, que no se puede querer a alguien más de lo que queríamos a Principoso y que admiro profundamente a los padres que desgraciadamente tienen que pasar tantos y tantos días pegados a las incubadoras de sus hijos. Sois unos héroes.

El subidón
Todo empezó el día que nació Principoso. Aunque no es el tema que nos ocupa, mi parto fue inducido y para mí mucho más rápido de la idea que llevábamos. El médico nos habló de 48 horas de proceso y en nuestro caso en 15 horas Principoso estaba con nosotros. Está claro que quien no se consuela es porque no quiere… ¡Sólo 15 horas!, pero ¡qué 15 horas! Bueno que me lio. Principoso estaba perfecto con sus 4 kilazos, guapísimo… qué os voy a decir… Trato maravilloso del personal del hospital, nos dejaron tres horas a los tres solos en el paritorio, yo dormí un rato, Treintapapi murió de amor en ese tiempo… Todo genial. Esto fue a las 3 de la mañana, sólo nos dio tiempo a recibir las visitas de los abuelos (con lo preocupada que estaba yo con el tema de las visitas y que poca importancia tiene después). Unas 12 horas después estábamos en Neonatos.

El bajón
Vino una pediatra a vernos a la habitación (cosas de la vida, una pediatra que por otros motivos que ya os contaré es muy importante para Principoso) para explicarnos que había un problema con mi sangre (0-) y la del niño (B+, igual que la de Treintapapi). ¿Problema? pero, ¿no te vacunaste? pensaréis muchos al leerme… Pues sí, me vacuné en la semana 28 de embarazo e hice todo lo que se podía hacer al respecto, también me vacunaron después del parto… pero… (y ahora viene la explicación a lo Treintamami, nada científica pero yo lo entendí así, médicos del mundo cerrad los ojos).
¿Qué es para mí una Isoimunización AntiB? En algún momento, estando dentro de mí, sangre del niño entró en mi torrente sanguíneo generando en mi cuerpo AntiB que, a su vez, entró en el bebé. Y aquí es donde viene el quid de la cuestión. No fue una incompatibilidad de Rh, que es para lo que te vacunas, fue por el grupo sanguíneo y ante eso, según lo que yo entendí, no podíamos hacer nada. Y, ¿qué ocurría con ese AntiB? Pues dentro del cuerpo del niño, una vez que ya no está dentro de mamá y sus órganos deben empezar a funcionar a pleno rendimiento solitos, pues no hacía nada bueno. Destruía glóbulos rojos que al romper hacía que subiera los niveles de bilirrubina y se corría riesgo de anemia.

Odiando la canción
Sabéis eso de “me sube la bilirrubina”, no soporto la canción… Los niveles de bilirrubina eran tan altos que era peligroso y en el mejor de los casos se solucionaría con fototerapia, en el peor con una exosanguinotransfusión. Vaya palabro ehh? Pues la primera noche estuvimos cerca de vivirlo. El médico que nos estaba atendiendo se despidió de las enfermeras de neonatos diciendo que si en el análisis de sangre de la noche no bajaba que se pidiera el traslado a la Paz (para las que no sois de Madrid es uno de los hospitales más importantes) para ingresarle allí y hacérselo. Nosotros estábamos en nuestro box, pero lo oímos todo. Por momentos se me olvidaba que yo acababa de dar a luz, no hacia ni 24 horas. Me dejé convencer para dormir unas horas en la habitación, fue una buena decisión. Al despertar el riesgo de exo…bla,bla,bla había pasado. Nos quedábamos en nuestro hospital con el tratamiento de fototerapia. Pero es un proceso largo. Nos pasamos nueve días observando un gráfico que encontramos por internet, en el que aparecía el nivel de bilirrubina respecto a las horas de vida. Cuanto más mayor era mi niño, menos riesgos…




No señora, no es eso
Y ahora viene la frase de moda aquellos días: “Bueno, casi todos los bebés nacen con algo de ictericia, un poco en la ventana y listo”. Pues no. Eso que usted me dice es ictericia fisiológica. La ictericia de Principoso era neonatal. Ya os he explicado antes las causas por lo que creo queda claro que nada tiene que ver… pero, esa frase era el pan de cada día.

Y llegó el momento…
Principoso nació el viernes y el domingo me dieron el alta. El momento que más temía había llegado. Entrar en casa mejor no os cuento como fue, para qué… cualquiera os lo podéis imaginar. Estábamos en el hospital desde las 6 de la mañana hasta las 12 de la noche que veníamos a casa a dormir un poco. Mis piernas eran como las piernas de un elefante. En definitiva, durante la primera semana de mi puerperio no me hice caso. Dolían los puntos claro está pero no era consciente. Estaba como en una burbuja. No quería ver a nadie, ni que nadie me viera, no quería volver a tener que explicar la situación una vez más y  echarme a llorar. La verdad, todo el mundo lo entendió y respetó y eso fue genial. Elegimos “representantes” para cada núcleo familiar o grupo de amigos para no tener que mandar mil mensajes. Cada mañana con el resultado de los análisis de ese día dábamos el parte y nos centrábamos en lo realmente importante: Principoso.  Verle con los ojos tapados (para que no le dañara la luz del tratamiento), con una vía puesta, cables… y no poderle casi tener en brazos, era horrible. Y encima instaurar la lactancia materna sin casi poder abrazarle… Me dejaban cogerle para las tomas pero siempre con un cojín de luz, que aunque no era tan potente como las lámparas nos servía para el momento teta. Fue duro, pero me ayudaron tanto en el hospital que sólo tengo palabras de agradecimiento.


A casa
Los días fueron pasando y la preocupación por los niveles de bilirrubina iba bajando. Pero entremedias tuvimos ecografías de casi todo su cuerpo, muchos análisis, incertidumbre sobre cuándo llegaría el momento del alta… Y ese día llegó, con otro susto por medio, del que no voy a hablar ahora porque da para otro post, pero llegó. Y entramos juntos en casa, y no le volví a soltar. Y ha estado en brazos y lo sigue estando todo lo que nos apetece, porque para algo es nuestro, y para algo tenemos brazos… para acunarle y abrazarle.

¿Consecuencias del problema bilirrubina? Pues ninguna. Una vez pasados esos días críticos lo único que tuvimos que hacer fue pasar tres veces las pruebas de audición. Siempre salieron bien pero había que ir repitiéndolas para asegurarnos, ya que el oído podía verse afectado por los niveles tan altos que alcanzó. Pero más allá de estas pruebas, ningún problema. Este capítulo por lo menos quedaba cerrado.

2 comentarios:

  1. Las lágrimas a punto de saltar. Y eso que me sabía el desenlace desde el principio. Ya lo dijeron los Reyes cuando le trajeron su Batman, él nos demostró que era un súper héroe pequeñito

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    1. Ains! Qué días más largos fueron... Y Batman en su cuna desde entonces...

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