jueves, 29 de diciembre de 2016

Wolff ¿qué?


Llevo muchos días dando vueltas sobre escribir este post o no. No por no querer escribirlo, antes o después lo iba a hacer, sino por el hecho de ponerme intensa ahora que estamos de fiesta, contentos… Pero al mismo tiempo también es un buen momento, una especie de catarsis. Algo así como escribir algo en un papel y después quemarlo. Liberarte de según que preocupaciones que rondan por la cabeza al escribirlas en este blog.

Sin más dilación empiezo a ponerme intensa. ¿Recordáis mi artículo sobre nuestra incompatibilidad de sangre? En algún momento os decía que salvo un sustillo de última hora, que os contaría en otro momento, finalmente tras nueve días de ingreso nos dieron el alta. Pues bien, os cuento qué pasó con ese sustillo.

A nosotros nos dieron el alta un sábado, pues el viernes por la mañana en un momento dado vimos como la saturación de Principoso empezó a caer sin saber por qué y de repente la frecuencia cardíaca a subir estrepitosamente.
La escena con el dichoso monitor venido del mismísimo infierno sonando y todo el personal de neonatos entrando en nuestro box como alma que lleva el diablo os la podéis imaginar. Principoso dormía, ni se inmutó, es decir, la taquicardia que tuvo, que duró tres minutos, la toleró “sin problemas” y remitió de forma espontánea. Tan sólo su color de piel se puso un poquito grisáceo, pero él siguió durmiendo.

Mientras esto ocurría, ¿qué pasaba a nuestro alrededor? Pues no lo sé. No fuimos conscientes. Treintapapi y yo sólo nos mirábamos, no hablábamos, parecíamos estatuas mientras todas las enfermeras le hacían rápidamente un electro.
La pediatra subió inmediatamente y confirmó lo que era evidente, que estaba teniendo una taquicardia. Cuando pasaron esos tres minutos y la taquicardia remitió, entramos en fase de no parar de llorar y no atender a razones. Después pasamos a la fase de y ¿qué va a pasar ahora? Todo en ¡cinco minutos! Si después de esto no nos volvimos locos, creo que somos como mini titanes.

En el electro no salió lo que buscaban pero sí en el registro que queda en los monitores. Con esta información nos mandaron inmediatamente a cardiología pediátrica para descartar algún fallo estructural de su corazón.

¿Recordáis lo de la bilirrubina? Nos importaba una m…. ¡Cómo cambian las prioridades!

Le hicieron un electro y nos dijeron que su corazón estaba bien, pero que tenía preexcitación tipo Wolff- Parkinson-White. ¡Venga! Que la lotería nunca nos toca pero en este bingo parecía que llevábamos todos los cartones. Recordad bien el nombre porque nos acompañará durante mucho tiempo.

¿Qué es eso?
Pues según la Asociación Española del Corazón “El síndrome de Wolff-Parkinson-White se caracteriza por la asociación de una anomalía en el sistema de conducción cardiaco (vía accesoria) y la aparición de arritmias.
Se conoce como vía accesoria a una conexión eléctrica anómala que permite que el impulso eléctrico pase de la aurícula al ventrículo sin seguir su camino habitual por el sistema de conducción. Esta conexión favorece que la actividad eléctrica llegue a algunas zonas del ventrículo antes de lo que lo hace por el sistema de conducción, con lo que se activan más precozmente. Esta activación más precoz puede visualizarse en el electrocardiograma y se conoce como 'onda delta'. 
Además, la vía accesoria favorece la aparición de arritmias, como las taquicardias paroxísticas por reentrada y agrava la presentación clínica de otras, como la fibrilación auricular”. 

¿Qué?, ¿cómo os quedáis? Ojipláticas ¿ehh? Y ahora la explicación a lo Treintamami. Según lo que yo entendí, Principoso tiene una vía de más en su corazón que genera latido cuando toma la delantera respecto a la vía normal, la que todos tenemos, y la que tiene que realizar esa función. Cuando esto ocurre pueden producirse taquicardias que es lo que a él le ocurrió.

Y, ¿ahora qué?
Pues la cardióloga que nos atendió el fatídico día nos tranquilizó muchísimo. Nos dijo que ella no se preocuparía por esto, que iba a estar muy controlado y que no pasaría nada.

Jaa! Tranquilos… Eso es imposible…

Al día siguiente nos dieron el alta a última hora de la tarde. Nos tiramos TODO EL DÍA mirando sin pestañear el monitor.

Nos enseñaron a tomarle el pulso en los brazos, ya que en caso de duda era lo que teníamos que hacer, y nos prepararon para usar el pulsioxímetro que tendríamos que llevarnos a casa. HORROR! Si ya de por si cuando llegas con tu bebé a casa no paras de mirar si respira, ahora nosotros tendríamos una máquina que pitaría todo el rato. Y digo bien todo el rato, porque al menor movimiento brusco del niño dejaba de hacer contacto y se ponía a pitar. El pobre niño no daba malas noches, las deba el pulsioxímetro.

También nos enseñaron los síntomas (irritabilidad, rechazo de tomas, llanto constante sin motivo) y qué hacer en caso de taquicardia. Cuando son muy peques hay que aplicar hielo en la cara durante diez minutos y cuando van siendo más mayores lo más fácil es provocarles el vómito. De esta manera la taquicardia remite. Si no fuera así, pues corriendo a urgencias.

¡Pues ale! Estos Treintapapis primerizos se fueron a casa con una confianza para echarse a temblar. Yo medio llorando le decía al pediatra que nos dio el alta ¿y si se me pasa una taquicardia?, ¿qué hago? Y él con una gran sonrisa me dijo: “Qué serás la peor madre del mundo. No va a ocurrir nada, y no se te va a escapar ni una”. Más majo no pudo ser. Se llamaba Diego y gracias a él Principoso ha tomado pecho durante 14 meses y hacemos colecho. No volvimos a verle nunca más, pero jamás se me van a olvidar las dos horas que estuvo con nosotros hablando de lactancia, maternidad, enseñándome posturas para dar el pecho, desmintiendo muchos mitos… Todo esto antes de darnos los papeles del alta. Vamos, increíble.

¿Cuáles fueron los siguientes pasos? Pues consulta en cardiología. Y ¡sorpresa! Su cardióloga definitiva era la pediatra que subió cuando nació a darnos la mala noticia de lo de la bilirrubina. ¡Qué cosas!

Nuevo ingreso y tratamiento
Cuando Principoso tenía un mes volvimos a ingresar para que nos pusieran un tratamiento que evitara las taquicardias. Fueron tres días donde empezaron a darle un jarabe (Flecainida) que se iba a convertir en nuestro compañero inseparable durante 12 meses. Esta vez fueron tres días de ingreso donde controlaron los efectos secundarios que se pueden dar en el inicio de este tratamiento. Nos dieron el alta tras hacerle un electro y ver que ya no aparecía la preexcitación. ¡Olé!

¿Cómo estamos ahora?
Pues nunca ha tenido ninguna taquicardia salvo la que le dio de recién nacido estando ingresados en neonatos. A los 12 meses se suspendió el tratamiento con Flecainida, su corazón estructuralmente sigue estando bien y ahora estamos a la espera de hacerle el mes que viene un Holter (electro de 24 horas para que nos entendamos) y nuevamente consulta donde veremos si podemos seguir sin jarabe o hay que volver a él. Crucemos los dedos.

El pulsioxímetro lo devolvimos en cuanto la cardióloga nos dio el visto bueno y en cuanto nosotros nos vimos con confianza. Aunque mucha no debemos tener porque compramos uno. Eso sí, chiquitito (nada que ver con el pulsi de la Segunda Guerra Mundial que nos dieron en el hospital) para llevarlo siempre con nosotros como quien lleva un termómetro para en caso de duda, salir de ella.

Ahora sólo nos queda esperar, puede que no le vuelva a dar la lata, puede que a los 7 u 8 años pueda tener problemas. En ese caso habría que operarle. Hacerle una ablación que sería algo así como quemar esa vía que tiene de más. Pero, de momento no vamos a adelantar acontecimientos. Lo que tenga que ser, será.

De algo sí estoy segura. Tenemos que dar gracias. Si Principoso no hubiera estado ingresado al nacer por otros motivos, no hubiera estado monitorizado, no nos hubiéramos dado cuenta de esa taquicardia y quizá toda su vida hubiera estado asintomático hasta que un día, una taquicardia en su vida adulta pudiera ser fatal.  Así que, a quién proceda dar las gracias, que no sé a quién… Pues eso, GRACIAS!

Por cierto, el día que le dio la taquicardia la pediatra subía a decirnos que la bilirrubina estaba perfecta. Ni nos importó, aunque era algo genial.


No hay comentarios:

Publicar un comentario