martes, 17 de enero de 2017

El miedo de una madre bilingüe: “¿Y si fallo a mi hija?”


Iniciamos nueva sección, en esta ocasión vamos a hablar de idiomas y peques. Para empezar nada mejor que hacerlo con Lidia Nieto de Lara Go!, una web especializada en campamentos de inglés en el extranjero. En esta ocasion nos cuentan cómo es la experiencia de una madre bilingüe en nuestro país. 

Si echase la cuenta de todo lo que se han gastado mis padres en academias de inglés (o yo misma cuando me independicé económicamente de ellos), creo que podría dar la entrada para un coche nuevo. A pesar del esfuerzo personal y la inversión realizada (incluido mandarme a campamentos de verano en Estados Unidos), a mis 40 años ni soy madre bilingüe, ni he dejado las clases de inglés, ni puedo mantener una conversación de más de una hora en este idioma sin que se me ponga dolor de cabeza.  Yo, que adoro a mis padres y les debo la vida, siempre les digo en broma que si alguno de ellos, o los dos, hubiesen sido nativos ingleses les querría aún más; o a mi marido, al que admiro y amo con todo mi corazón, “le echo en cara” no haber nacido en el país de los fish and chips. Ays! si eso hubiese pasado… Por eso, cuando quedé con Patricia Alonso, propietaria y profesora de Emma's Fun Learning, para que me contase su experiencia como madre bilingüe en España, no salía de mi asombro al escucharla decir que no fue fácil tomar la decisión de hablar en inglés a su pequeña Emma de ahora 18 meses. Antes de decidir qué hacía, Patricia quería conocer la opinión de tres personas importantes para ella en este camino hacia el bilingüismo de Emma: el punto de vista profesional en la figura de un pediatra, la experiencia de otras madres bilingües y, por supuesto, la postura de su marido en todo esto. “El pediatra me comentó que el único problema que había era que Emma empezaría a hablar más tarde, porque tendría dos significantes para un mismo significado pero que su desarrollo sería normal, como el de cualquier otra niña”. Y con la tranquilidad de tener el beneplácito de un experto encima de la mesa, esta madre bilingüe tiró de su red internacional de amigos americanos e ingleses, que le pusieron en preaviso de situaciones que podría vivir, porque según su propia experiencia “en España hay gente que se toma a mal que hables a tus hijos en otro idioma que no sea el español, que lo ven como un gesto de malaeducación”.
Ya solo le quedaba sentarse a conversar con su marido. Este no es bilingüe, pero es consciente de la importancia del aprendizaje de este idioma y de las facilidades que tiene en edades tempranas como la de Emma. Y quizás también porque él lo vive cada día en su trabajo, apoya y refuerza la decisión de Patricia de ser madre bilingüe. “Para él está siendo duro, porque todo lo hacemos en inglés”. Y es que llegar a casa después de un día agotador en el trabajo con la idea de relajarte viendo un poco la tele, charlando con tu mujer o jugando con tu hija y encontrarte que dos terceras partes de tu familia se comunican en otra lengua que no es la tuya no deber de ser el mejor plan.  “Mentalmente es un esfuerzo diario que él tiene que hacer, porque en ocasiones se pierde parte de las conversaciones. Incluso, hay veces que si le tengo que decir algo, él se espera a que Emma no esté”. Pero, claro, hay algo que esta madre bilingüe no puedo evitar: la calle. “Con mi vecinos, por ejemplo, hablo en español, aunque esté Emma delante, pero si me tengo que dirigir a ella siempre es en inglés. No hay que rozar la obsesión de que no me escuche hablar en español, solo quiero que me vea como un referente en inglés”.
Y así es como Emma obedece en inglés a su madre y, en español, a su padre; ve la televisión en castellano junto a padre y se acurruca a la vera de Patricia cuando toca el turno del ver los capítulos de Peppa Pig en versión original.  Y, aunque Patricia reconoce que llegar hasta aquí no ha sido fácil, “de 15 personas que la ven al día, yo soy la única que la habla en inglés”, ella sabe que le está dando uno de los mejores regalos. Eso sí, el estrés por no fallarla permanece. “Cuando yo vea que ella tiene un desarrollo más avanzado, bajaré la mano y hablaré con ella de vez en cuando en español, pero ahora hay que intentarlo todo al máximo”.
¡Qué envidia!

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