lunes, 23 de enero de 2017

Huevo frito, no gracias


Seguimos con nuestras aventuras, o mejor dicho desventuras, culinarias. Ya os conté hace un tiempo que Principoso tenía alergia a la Proteína de la Leche de Vaca, hasta ahí sin novedad. Poco a poco se iba acercando la fecha de introducción del huevo, según las recomendaciones que vi por internet porque como ya os he dicho en otras ocasiones nadie, ni enfermera, ni pediatra, nos dijo cómo teníamos que hacerlo.

Introducir el huevo me daba miedo, no os lo voy a negar, y mi miedo era más por tener que asumir una nueva alergia que por los ronchones con los que ya teníamos experiencia. Fuimos haciéndolo sin prisa pero sin pausa porque el pediatra lo único que nos advirtió fue que al año tenía que estar completamente introducido para poder poner la vacuna Triple Vírica.

¿Por qué? Pues porque “las vacunas requieren un medio de cultivo para su elaboración que puede ser de células diploides humanas pero también embrión de pollo, huevo embrionario o fibroblastos de embrión de pollo que pueden contener trazas de proteína de huevo y por tanto, ser potenciales causantes de una reacción alérgica en los pacientes alérgicos a este alimento. Las vacunas cultivadas en estos medios son la vacuna triple vírica, la antigripal, la vacuna frente a la fiebre amarilla, la antirrábica y una vacuna frente a al virus de la encefalitis trasmitida por garrapata (TBVE)” . Más información-fuente

Empezamos con la yema de medio huevo cocido, al no haber reacción, la clara; después pasamos a la yema entera, luego la clara entera para finalizar con el huevo entero y posteriormente los huevos pasados por agua, la tortilla francesa… Ni rastro de alergia, estábamos muy contentos salvo que a Principoso el huevo no le gusta mucho y tenemos que camuflárselo…


Pero, ay! amigos… nos las prometíamos muy felices!!
Llegó la víspera de su cumple y Treintapapi y yo organizamos una sesión de fotos casera de recuerdo de su primer año. Como somos muy originales, queríamos hacerle una tarta y que jugase con ella. Debido a su APLV el bizcocho se lo hice yo sin leche (ya os pasaré la receta en otro post) y al no poder rellenarlo de nata, hice merengue (hecho con clara de huevo y azúcar, obviamente). Le puse la tarta y empezó a guarrear con ella como cualquier niño, no llegó a probarla en ningún momento y… SE LLENÓ DE RONCHAS!  Las fotos se acabaron muy rápido. 

Le dimos un baño inmediatamente para eliminar cualquier rastro de tarta y le fueron desapareciendo todas las marcas. Esta vez no fuimos a urgencias. Le pusimos el pulsioxímetro, que sabéis que tenemos en casa, vimos que saturaba bien y por lo tanto no estaba teniendo problemas respiratorios y mantuvimos la calma. En unos días teníamos cita con el pediatra para la revisión del año y también con el alergólogo, esperamos a estas citas para comentar lo que había ocurrido.

El pediatra no le puso la vacuna de la Triple Vírica a la espera de las conclusiones del alergólogo y en el alergólogo… efectivamente Principoso es alérgico al huevo, pero puede seguir comiendo huevo… y ¿cómo se come eso?

Mi peque, mi enrevesado peque, es alérgico al huevo crudo. Podemos seguir dándole huevo de cualquier manera hasta llegar a la fase del huevo frito. De ahí, de momento, no podemos pasar porque es en el punto en el que nos quedamos cuando tuvo el brote. La pregunta del médico fue: ¿después del brote no has dejado de darle huevo?, y yo ojiplática y sintiéndome la peor madre del mundo le dije que no, que el niño seguía comiendo huevo. Su respuesta, “menos mal, si no le hubieras convertido en alérgico definitivo”. Pues nada, esta vez jugar a la ruleta rusa nos salió bien. No queda otra más que ensayo-error.

Pero ese día, y en esa consulta yo seguía ojiplática. Ante mi pregunta sobre la Triple Vírica el alergólogo alucinó. Dijo que no había ningún problema, que son precauciones que vienen de prácticas antiguas, que las vacunas actuales están tan perfeccionadas que evitan reacciones, incluso en niños que no toleran el huevo de ninguna manera, por supuesto podían vacunarle en su centro de salud.

¿Qué hice? Ir con la cantinela al pediatra. Treintamami ahora también es la “correveydile” de los profesionales sanitarios.
- Su respuesta: “no, aquí al niño no le vamos a vacunar porque puede ser peligroso. Deberían vacunarle en el hospital o proporcionarnos una vacuna Triple Vírica cultivada en células diploides humanas (Triviratén®) y que es usada en los pacientes alérgicos a huevo”.
- Vale, y ¿yo qué tengo que hacer?
- Nada, nosotros nos encargamos de llamar al hospital y gestionar el problema y así intentamos generar un protocolo de actuación para futuros casos… Bastante has hecho ya.

Ahí queda eso, ¿no hay más niños como mi hijo?, ¿tenemos que instaurar el protocolo de actuación nosotros? En fin…

La llamada tardó (mi hijo hizo el año en octubre y le vacunamos en diciembre) pero llegó. Veredicto final: “Sí mira, tenías razón tenemos que vacunarle aquí, nos han asegurado que no va a ocurrir nada”.

Y llegó el día de la vacuna, dos enfermeras y el pediatra, adrenalina preparada en la camilla, pinchazo y a llorar, como siempre, y una hora fuera a esperar que no ocurriera nada. Por suerte todo fue bien pero las sensaciones que nos quedaron no fueron buenas. ¿Por qué no se ponen de acuerdo todos los profesionales que tratan con niños?, ¿tan difícil es? Con tanto dudar a los padres nos transmiten de todo menos seguridad. Y ojo, nada en contra de mi pediatra, ni la enfermera que leyeron mil y un informes, sé que lo hicieron, hasta estar 100% seguros, ni nada en contra del alergólogo el cual tenía razón desde el principio. Sí estoy en contra de las disparidad de opiniones.

De momento seguimos comiendo huevo con normalidad aunque mi peque no sepa lo que es mojar pan en la yema de huevo.

Las fotos del día D

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