jueves, 8 de junio de 2017

¿Bye, bye chupete?


Después de una semana “trabajando” en el proyecto “Bye, bye chupete” hoy por iniciativa propia Principoso ha dormido toda la noche sin su preciado trozo de látex.

Pues sí, papis y mamis hace justo una semana decidimos que ya estaba bien de tanto apego obsesivo compulsivo al chupete y que igual que nosotros se lo dimos, nosotros debíamos incentivar su adiós.

Nuestra historia con el chupete ha sido un poco rara, o igual lo normal y yo no lo sé. Principoso tardó en engancharse al chupete, de recién nacido no lo quería ni en pintura pero fue empezar con los dientes y encontrar en él a su mejor aliado, y nosotros también, no nos engañemos.
El chupete le relajaba mucho, sobre todo en los momentos en los que quería dormir o estaba en crisis existencial por cualquier motivo que se os pueda ocurrir. De estos momentos de relax pasamos a una obsesión por su “ete” (entiéndase ete por chupete) que empezó a no gustarme y puede que nosotros fuésemos los primeros culpables por recurrir a él en demasiadas ocasiones.


El caso es que con 20 meses (sí, lo sé las recomendaciones dicen que no pasar de los 12 meses con el chupete pero los niños no son matemáticas) y tras una semana con este tema empezamos a decirle adiós. Lo que tenía claro es que no iba a hacer de este tema un trauma. Los primeros días le dijimos que por el día no hacía falta chupete, porque con el chupete puesto no puede hablarnos, reír y jugar cómodo y que si él quería por la noche se lo podríamos prestar un ratito. Bueno, yo le contaba esta peli y me miraba, si me entendía o no quién sabe pero a mí me hace sentir bien pensar que sigue mis “sermones”.

Los dos primeros días fueron durillos sin lugar a dudas. La música en casa era “ete, ete, ete” nonstop. Después ha pasado a preguntar por él muchísimo menos y anoche para mi sorpresa se durmió sin ni siquiera mencionarlo. Puede que haya sido flor de un día y que esta noche no nos vaya igual de bien y puede que los avances de esta semana sean retroceso la que viene. En este tipo de procesos con los niños puede que nos toque dar pasos atrás y volver a coger impulso, soy consciente. Pero, de momento no me quejo.

También podría haber realizado un tratamiento de choque como los de mi madre: “cuando eras pequeña perdiste el chupete en la playa, te dijimos que se lo había llevado el mar y nada, pasaste dos días muy malos y se acabó.” Y allí seguirá mi chupete fosilizado en el mar. Sin embargo, de momento preferimos hacerlo así ya que Principoso es capaz de coger la cartera de su padre para animarnos a que le compremos otro.

Con el chupete pasa lo mismo que con tantos otros objetos y temas relacionados con la maternidad que recibe odios y amores a partes iguales. Yo por mi parte intento posicionarme en el medio,  ni blanco, ni negro. Tengo que reconocer que cuando son pequeñitos es un descanso, siempre que la lactancia ya esté instaurada y que el niño lo quiera porque hay bebés, como “elmejoramigodelmundomundial” al que esto del chupete no le gusta nada de nada y eso que su madre tiene una colección de etes para hacer un museo; pero si la edad va avanzando y sigue con ese enganche, como es nuestro caso, hay que tener cuidado porque puede provocar problemas en los dientes o retrasos en el lenguaje. Pero como os digo, no todo es blanco o negro, usado correctamente algunos estudios han determinado que el chupete puede reducir en un 70% la muerte súbita del lactante por lo que todo tiene su cara A y su cara B.



Así que esto es todo por hoy, ya os iré contando avances aunque espero que todos positivos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario